
Si quieres demostrarte a tí mismo que eres un buen jugador de póquer, no tienes que intentar luchar contra los mejores.
A nadie le importa, realmente, si alguna vez le as faroleado a Phil Ivey o Daniel Negreanu. Uno está en la mesa por el dinero, no por contar batallitas. Un jugador disciplinado, que juega por las razones adecuadas, preferirá sentarse junto al peor, para asegurarse su victoria.
Jay Greenspan, autor del libro, se dedica a buscar presas fáciles por todo los Estados Unidos, desde Connecticut hasta Los Ángeles. En casinos, clubs y partidas privadas por todo el país, Jay compartió mesa con los peores jugadores de póquer de toda la nación americana. En Carolina despluma a unos “white trash” racistas, en Texas a unos “pijos” en un clubde campo y en Las Vegas a unos turistas borrachos.
Todas estas situaciones le llevaron al convencimiento de que ya no tenía rival en esto del póquer y poco a poco gracias a todos estos pardillos se construyó un buen bankroll para acercarse a Los Angeles para participar en los high-limit del Commerce Casino.
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